Le hable con mi voz cansada, mientras respiraba el olor del invierno, diciéndole que diciembre, ese mes atormentado, disfrazado de ternura, no está hecho para mí al igual que ciertos días nublados y es que no van conmigo, me dan nostalgia, melancolía…
Los días nublados al igual que este mes, me dan ganas de darme un tiro por sentirme así… vacía
que no hay regalos, no hay sonrisas ni alegría, que me vuelve más sensible a esas partes que me han sido mutiladas…
Me ahogo queriendo beberme los recuerdos, pensando en el pasado, el presente, el mañana…
Confesaba que quisiera salir corriendo sin saber a donde, sin saber con quién, que me gustaría salir corriendo cuando siento que me asfixio, me carcomen el sentimiento y me cortan las alas.
Deshacerme de ti, de él y él, maldecirlos por su egoísmo que es tan parecido al mío, maldecirlos por contribuir a mi inestabilidad y a esta incapacidad de romper las cadenas que me atrapan, las cicatrices que no sanan. Que tengo cientos de planes y a la vez no tengo nada.
A momentos me invade ese sentimiento de no pertenecer a ningún lado… vacía, cruda, etérea… da igual… entonces dejo mis huellas hondas es el suelo helado, camino con pasos aletargados, algo así como perdida en un laberinto
Me percato de que entre mi vientre frio, mis labios húmedos y todas mis manías, sigo arrojando pétalos al viento para recomponer lo incompuesto, para tocar lo intocable, para ser comprendida cuando ni yo misma me comprendo.
El vaivén de las ilusiones
Desperté en mi cama abandonada, recordando ese sueño, en aquel lugar frio postrada ante un confesionario, sin saber porque, quizá buscaba lavar mis pecados, limpiar mi conciencia o pedir ayuda. Me volví a dormir.
Sabía que no estaba pensando en voz alta
genial, me encanto como siempre, tan buena escritura llena de sentimiento jejeje simplemente me gustó ;)
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