A veces quisiera saber cuánto hay que esperar y busco en las líneas de mi mano el futuro, miro el arte abstracto en la pared, con el polvo que lo invade, miro las fotografías a tu lado, y comienzo a extrañarte, a sentirte lejos cuando quisiera tenerte cerca, me visto de nostalgia, me enredo los cabellos, escucho canciones viejas, me empapo de recuerdos.
Vienen a mi mente muchas cosas, una es el pensar que si aquella noche tu me hubieras dicho que me amabas con los huesos, el alma y el cuerpo, que me querías a tu lado para siempre, vamos… estar, ser, huir juntos, que cualquier locura seria hecha en nombre del amor que sientes por mí, por nosotros… yo me hubiese sentido un poco más segura, un poco más estable, hubiera confiado un poco más en el destino, en el amor eterno, en lo que nos espera mañana. Porque yo creo en las palabras, en el amor que se siente en cada poro, en las promesas… en el “para siempre”.
Pero después a pesar de todo, a pesar de mí y mis locas ideas, de ti y tu indecisión, regresan estas ganas locas de amarte, conservarte, atesorarte… estas ganas de seguir esperando, esperar, esperarte, el momento y las palabras adecuadas…. Me vuelven estas ganas locas de amarrarme a tu cintura, que cures mis cicatrices, limpies mis lágrimas y de repente me escuches como si de verdad entendieras, aceptes mis locuras, los ánimos acalorados, acelerados, empapados. Me llegan las ganas de seguir en la espera del momento en que mis sueños se junten con los tuyos y el hueco de mi cama ya no se sienta tan frio y tan vacio. Recorrer esto que hay entre la piel y el alma, entre el suspiro y el latido.