Son dos ríos verde-azul no extraños,
enigmáticos. Son dos manos fuertes, mente volátil, etérea. Es una persona
ausente, con manías. Es el aire, el sol y la luna, es el tiempo que pasa lento
mientras invade alguna mente, mientras penetra un pensamiento. Grita tus
falacias cuando puedas, susurra tus mentiras mientras quieras. No hay barreras
que protejan. Entre tus brazos livianos, arena liquida, labios tóxicos. Entre la locura, elixir, pasión y cadencia,
anestesia.
Maldice el destino necio, tan
necio e incomprensivo, tan necio y obstinado, maldícelo por cruzarme en el
momento menos adecuado, con la persona menos adecuada. Errores, trampas de la
vida traicionera, de la vida que juega con las mentes, los sueños y las ideas.
Maldíceme y maldícete al mismo tiempo, por atraparme, envolverme, olvidarme y
desecharme. Maldice las noches en que el
viento trae consigo tu recuerdo, tu olor y tu ausencia. Maldice mi desconfianza
en tu persona. Maldíceme y recuérdame en los momentos más inoportunos, porque a
mi tu me taladras en los huesos, y te tengo en la piel, en las comisuras de los
labios y la entrepierna. Te tengo en la
memoria que se rehúsa a olvidar el pecado que somos cuando estamos juntos.
Búscame en los rincones más
recónditos, entre un claro que se escapa entre los bosques, búscame entre la
aurora augurio del amanecer, búscame entre tus sabanas sin encontrarme, porque
nunca lo harás. Búscame entre las nubes que juegan a ser libres en la
inmensidad de un cielo enfurecido, entre tus ojos búscame, en tus pupilas, en
tus manos, en tus más dulces recuerdos. Búscame por favor entre tus líneas,
entre las formas, en lo que tu mundo eidético provoca. Soy lo subversivo de tus contornos, el
lenguaje oculto en tus lienzos, y tu eres aire, humo que se me escapa de la
boca, de los dedos y del cuerpo. Tú eres viento, marea, rio tenue
evaporado. Yo no he vuelto a preguntarme
si la magia entre nosotros es posible, si mis sueños y los tuyos podrían
unirse, mórbida hibridación. Esquizofrenia si tú quieres, melopea del deseo. Déjame
olvidarte aunque sepa que es imposible, déjame olvidarte aunque te tenga impregnado
en un espacio del cuerpo, déjame olvidarte, odiarte, mientras en los escondites
se que te deseo. Que quisiera volar, soñar y ser contigo, que quisiera que esto
que somos, o no somos o seremos sea lo intenso, lo furtivo, sea el éxtasis a
cada momento, la ilusión. Y te escribo probablemente sin pensarlo, con la
maraña de dudas que me asfixia, con las locas ideas de ser valiente, de
hilvanar historias.
Hoy me llene de dolor, sentimiento profundo, dentro, que punza. Me llene de melancolía y recuerdo y pienso y extraño. Quiero llorar pero me muerdo la lengua y resisto. Yo no nací para ser fuerte, lo sé, soy tan indefensa, comienzo cosas que luego me es imposible terminar… me aferro, me enamoro… quiero sin dudarlo, quiero como los ciegos, sin miedo a la locura ni a la caída.
No es malo querer, es malo querer
y que no te quieran de repente, que te hieran, que apaguen la luz cuando aun
tienes cosas que decir, que intentar. Es malo dar el corazón sin darse
cuenta. Creo que algún día aprenderé a
ser menos ingenua, menos dulce y menos tonta.
Aprenderé a saber a quién le digo “amigo” “amor” o “te quiero”.
Me volveré más fría, cerrare los
ojos, olvidare fácilmente, yo la que cuando te digo que confió lo hago al 100%
y me doy al 100% porque no cualquier persona lo merece, es por eso que cuando
me abandonan me perforan una parte del espíritu. No quiero que nadie confié en mí y me diga
que me quiere si es mentira.
Imagen Chelsea Greene
A mí las noches como que me asfixian, me dan ganas de
extrañar, inevitablemente, irremediablemente. Toma mi mano y camina cerca de mí, sin tiempo.
Te extraño con la contundencia de Hölderlin, como lolita de Navokov, tu
lolita.
Me llega la necesidad de escuchar tu voz, palabras, me
encantan las palabras, que me leas, pausado, tranquilo. Maldigo tu pasado,
después maldeciré tu presente… olvidare tu futuro. Olvidare lo que fuiste, lo que eres. Por todas partes veo un “sin ti”.
